Hablando de perros: The Old English Mastiff, septiembre de 1994
Autor: Jesús Cano Publicado en: Revista «Club Español de los Molosos de Arena» Fecha: Septiembre de 1994 Traducción: No indicada en el artículo El artículo continúa una serie dedicada al Old English Mastiff y repasa distintos aspectos históricos vinculados al origen, evolución y uso funcional del Mastiff en Gran Bretaña. Jesús Cano aborda la posible formación de la raza a partir de perros autóctonos británicos y molosos asiáticos, la influencia normanda, el uso del término Mastiff, el antiguo Ban-Dog, la historia de Lyme Hall y la participación de perros tipo mastín en actividades como la caza, la defensa, el bull-running, el bull-baiting, las peleas con osos y las peleas entre perros. El texto también reflexiona sobre cómo estos usos dieron lugar a otros tipos caninos, especialmente el Bulldog y el Staffordshire Bull Terrier.
Por @a.myanimal con @acaboclado
Autor: Jesús Cano Traducción: No indicada en el artículo
Hablando de perros (The Old English Mastiff)
(Continuación) Por Jesús Cano
Hace poco hablé con Jaime Pérez Marhuenda (entre otras cosas es el encargado de redactar nuestro Boletín) y me comentó que el Boletín aún tardaría algún tiempo en salir debido a la escasez de trabajos que le han llegado.
Por lo tanto, queda claro que nuestro Club sigue necesitando la ayuda de todos nosotros para hacer el Boletín, y no me negaréis que casi todos nosotros estamos impacientes por recibirlo. Por lo que debemos pensar que, aparte de los contactos personales, de las llamadas telefónicas y de las exposiciones, el Boletín es el único medio que tenemos para estar en contacto unos con otros. Así que ¡ánimo!, Jaime espera nuestra colaboración.
En el anterior Boletín empezábamos a hablar sobre el Mastiff, quizás la raza menos conocida de nuestro Club (aparte del Tosa, claro. Veíamos como supuestamente se forma a partir de una raza de perros autóctona de Gran Bretaña, a la que se le había añadido sangre de los Molosos Asiáticos. Su aspecto físico nos es difícil de imaginar, ya que pudo parecerse a un enorme bulldog o, por el contrario, a un lobero irlandés; cada cuál puede usar su imaginación en este punto. Aunque debió de ser un perro de talla media, ancho pecho, recio de huesos, hocico corto y fuerte (lo suficiente corto y fuerte para poder sujetar una presa, pero no tan excesivamente corto que le impidiese respirar durante la mordida), no debió de ser muy veloz en aquellos momentos, sino más bien pesado, macizo, que con su solo empuje fuese capaz de tirar a tierra a sus contrincantes, bien fuesen hombres o animales.
Bulldog del siglo XIX. Se ve claramente que la mandíbula superior ha sido forzada hacia atrás con una madera y arnés.
Así me imagino yo al Mastiff de aquellos tiempos, y quizás así se lo debieron encontrar Guillermo El Conquistador y sus normandos cuando derrotaron al rey Harold en la Batalla de Hastings en 1.066. Existe un tapiz, atribuido a Matilda, la esposa del Conquistador, conocido por el nombre de BOYEAUX TAPESTRY, en el cual aparece el Rey Harold con su halcón y perros. Y hay quien considera que los de mayor tamaño pudieron ser Mastiffs, aunque, en opinión de Douglas B. Oliff y en la mía propia, los perros son demasiado ligeros para ser considerados Mastiffs, quizás Matilda reflejó más bien los perros traídos por los conquistadores normandos, los cuales debieron de ser descendientes de los Alanos, que habían acompañado a las hordas de Vándalos y Alanos venidas de las zonas del Cáucaso y que arrasaron Europa acabando con el Imperio Romano.
Es precisamente a los Normandos a los que les debemos el nombre de Mastiff para definir a este tipo de perros, no siendo hasta esa época cuando aparece la palabra MASTIFF, tomándose del latín «mastivus» (masivo) y que en otros países, como Francia, dió lugar al nombre de MATIN, en España el de MASTIN y MASTINO en Italia. Anterior a esta época y entre los Sajones, el tipo mastín era referido y conocido como BAN-DOG (de banda = cadena, y dog = perro), y esta palabra venía de la costumbre de tener a los perros atados a una cadena durante el día, soltándoles solamente de noche.
El perro traído por los normandos debió de ser cruzado con los Mastiffs de la época, dando como resultado un animal más ligero, con un instinto de caza superior al de nuestro viejo Mastiff, que fuese capaz de perseguir y dar muerte a los ciervos y venados habitantes de los bosques de la nobleza, y que dió lugar a que, en las Leyes del Bosque durante el reinado de Enrique III, se promulgó la que permitía a los granjeros y habitantes de los bosques poseer Mastiffs para la defensa de sus hogares y propiedades siempre y cuando fueran expeditados cortándoles de raíz las tres uñas de la pata delantera, poniendo ésta sobre una pieza de madera de ocho pulgadas de grosor (unos 20 centímetros) por un pie cuadrado (unos 30 centímetros), y con un formón de unos 2 o 3 pulgadas de ancho (de 5 a 7 centímetros) debían ser cortados de un solo golpe.
Esta forma de evitar que los Mastiffs de la época pudieran dar caza a los venados del Rey nos da una idea de que el Mastiff de entonces no podía ser tan pesado como lo son en la actualidad, y quizás como fuera durante la colonización romana, de ahí que la posibilidad de haber sido cruzado con otros perros similares quizá al Alano, hubiese sido posible.
Durante el reinado de Enrique V tuvo lugar la historia más relatada sobre el Mastiff. Y es la de Sir Peers Leigh, Señor de Lyme Hall.
El 25 de octubre de 1.415 durante la batalla de Agincourt, Sir Peers cayó herido de muerte y fue protegido del enemigo por su mastina durante toda la noche, siendo encontrado por los soldados ingleses a la mañana siguiente. Sir Peers murió en París y su cuerpo fue enviado a Inglaterra junto con su perra, la cual había dado a luz una camada de cachorros.
Sir Peers fué enterrado en la Iglesia de Macclesfield y la mastina y su camada fue guardada por la familia de Sir Peers en Lyme Hall, de donde se estableció una de las líneas de sangre más antiguas de Mastiff.
Sobre esta historia, el Reverendo M. B. Wynn, en su libro «Historia del Mastiff», nos puntualiza lo siguiente:
«Debo de recordarle a mis lectores que Enrique V, con su armada levó anclas desde el puerto de Southampton el 13 de agosto de 1.415, y la Batalla de Agincourt tuvo lugar el 25 de octubre siguiente, habiendo pasado exactamente 63 días desde que la Armada de Enrique V se hiciese a la mar. Y ya que la perra fue capaz de participar en la batalla y lo suficientemente activa para defender a su amo no dando a luz algún tiempo después de su llegada a París, es evidente que debió entrar en celo después de haber abandonado Inglaterra, por lo que es bastante probable que se tuviera mucho cuidado en elegir el padre de la camada, por lo que es más posible que la línea establecida en Lyme Hall fueran bastardos desde el primer momento.
Menciono esto porque algunos autores, basándose en la leyenda, han trabajado en vano tratando de establecer la pureza de raza de esta línea, diciendo que la «la línea de Lyme Hall presentaba en tipo correcto de Mastiff inglés (...)».
Otra época de influencia para el Mastiff se desarrolla durante el era de los Tudor y los Estuardo.
Durante estas épocas, el Mastiff comienza a usarse para los llamados «deportes de las Peleas» con toros y osos. Estos espectáculos tuvieron su apogeo durante el reinado de Isabel I.
Bulldog típico de la época.
Dos eran las formas de enfrentar a los perros con los toros. Una la llamada «Bull-running»: consistía en soltar a un toro y hacer que los perros lo persiguiesen, de ella existen varios cuadros de la época donde, en algunos de ellos, podemos ver cómo los toros llevaban la punta de los cuernos cubiertos por unas bolas que evitaban que los perros fueran ensargados. Según la tradición, nos dice Wynn, todo empezó en Stammmford durante el reinado del Rey Juan, cuando William, Earl de Warren y Lord de Stamford desde los muros de su castillo de Stamford vio cómo dos toros luchaban y el dueño de uno de ellos, un carnicero de la ciudad, azuzó «a great mastiff dog» (un enorme mastiff) contra su propio toro obligándole a ir hacia el pueblo. William disfrutó tanto del espectáculo y del tumulto que se formó, que les regaló el prado donde había tenido lugar el combate a los carniceros de la ciudad con la condición de que todos los años se repitiera el espectáculo.
El otro deporte, denominado «Bull-baiting», consistía en atar al toro a una larga cadena sujeta al suelo por una estaca y soltarle los perros.
Del uso de los Mastiffs en dichos deportes, aunque, en principio, no hay dudas de que se utilizaron, es obvio que pronto dejaron lugar a otro tipo de perros bastante más pequeños, y que darían lugar al Bulldog. Que esta raza sea descendiente del Mastiff de aquellos tiempos o que, por el contrario, venga de una raíz distinta es algo que dejaremos para otra ocasión.
De todas formas, sabemos que en el Bull-running los perros eran lanzados al aire por los toros, y que la mayoría morían al estrellarse contra el suelo, de ahí que se dice que las mujeres trataban de cogerlos con sus delantales para evitar que el animal se golpeara en el suelo. Este hecho ya nos indica que, lógicamente, el perro usado en esas lides no podía ser de ninguna manera del tipo Mastiff, ya que no habría mujer ni delantal alguno que pudiese frenar la caída de un Mastiff.
Ch. Am. Ingl. Arcienagas Lion of Bredwardine.
Referente al Mastiff usándose en el Bull-baiting, es bastante más posible, aunque de nuevo, y debido al enorme tamaño del perro, el toro podría enzarzarlo muy fácilmente. De ahí que los criadores de la época empezasen a criar perros con unas características bien definidas, como que tenían que ser bajos de estatura para que el toro tuviese problemas para cornearlos, debían de ser fuertes y anchos de pecho, con unas caderas ligeras y cuartos traseros lo más livianos posible para que, una vez que el animal hubiese hecho presa en la nariz del toro, el perro no tuviese que arrastrar mucho peso al ser zarandeado. Por otro lado, el hocico del animal debía de ser prognata, bajo el punto de vista de que, al ser prognata, podría apresar el hocico del toro desde abajo. Tenía que tener bastantes arrugas en la cara para que, de esta forma, la sangre del toro corriera por sus surcos sin cegar al perro.
Es curioso el hecho de que a los perros utilizados para el Bull-baiting se les colocara una pieza de madera en la mandíbula superior desde edad muy temprana para obligar la existencia de un prognatismo, algo parecido a los zapatos usados por las geisas japonesas para conseguir unos pies excesivamente pequeños.
De todas maneras, la idea de forzar ese prognatismo a base de poner la madera en la punta del hocico no era la solución ideal, ya que, lógicamente, no era un carácter transmitido por herencia genética. De ahí que la solución estuvo más bien en los cruces con otras razas, las cuales sí eran enormemente prognáticas, como el Pug o Carlino de aquellas fechas. Uno de los tratantes de perros más conocidos de entonces, Bill George, entre otras era conocido por sus perreras de Bulldogs y Carlinos. Por lo que el cruce del antiguo Bulldog (más parecido entonces al American Bulldog actual) con el Carlino para conseguir el prognatismo deseado en las peleas con los toros fue del todo posible.
Pero como vemos, esta historia pertenece más a la del Bulldog que a la de nuestro antiguo Mastiff. Y lo mismo podemos decir de las peleas con los osos y de las luchas entre perros.
En éstas sí pudieron usar los Mastiffs, aunque poco a poco fueron dejando lugar a otros tipos de perros.
El Reverendo M. B. Wynn, de nuevo en su libro «Historia del Mastiff» nos relata la forma en que las peleas de osos y perros se desarrollaban:
«Una estaca de madera, a la que se le anudaba un aro de hierro, era clavada en el suelo, donde se amarraba el desafortunado oso, bien con una cadena o con una soga, siendo ésta la más aconsejable. El oso era entonces desprovisto de su bozal, y los perros de osos (no los Bulldogs) estaban encadenados alrededor a una prudente distancia fuera del alcance del oso, entonces uno, o preferiblemente dos, eran soltados sin collar alguno y, si estaban bien entrenados, iban directamente hacia el oso, tratando de tirarlo de espaldas contra el suelo del mismo empuje y apresarlo por la garganta.»
Los perros de osos se nos describen, de acuerdo con Mr. John Lyall de Glasgow, como perros de una gran cabeza, hocico corto, ancho y profundo, cuerpos ligeramente más livianos que el de los Mastiffs, pero más pesados que los perros de jabalí, con una alzada de unas 30 pulgadas a la cruz (unos 76 centímetros), con gran hueso, pelo corto y orejas cortadas.
Sin embargo, en dibujos de la época los perros parecen más bien del tipo de un Dogo Argentino, Stafford americano o el Bulldog americano actual.
Si los dibujantes de aquellos tiempos tenían idea de las proporciones, nos hace pensar que, a pesar de que el Mastiff fuese en un principio usado para los combates con osos, pronto dejó de usarse. El por qué no podemos saberlo, pero siendo amantes del Mastiff podemos soñar con la teoría de que los Mastiffs eran demasiados potentes, incluso para un oso y dejaron de usarse porque si el Mastiff podía matar a un oso con cierta facilidad, los dueños de los osos no querrían enfrentarlos con los enormes Mastiffs, y así no habría espectáculo. Esto podría ser cierto si damos crédito a la historia de que durante el reinado de Isabel I de Inglaterra en 1.572, Lord Buckhurst, embajador en la corte de Carlos IX de Francia, poseía un Mastiff, el cual, sin ayuda, se enfrentó a un oso, un leopardo y un león venciendo a los tres.
Otra historia de que un buen Mastiff podía matar a un oso nos cuenta Wynn fue demostrada en St. Ann’s, al sur de Owram, cerca de Halifax, en Yorkshire, alrededor de 1.800.
Una hembra de Mastiff, propiedad del Sr. Thompson estaba encadenada en el patio cuando un hombre viajando con un oso enorme y salvaje llegó a la casa y, al ver al perro, estaba ansioso de atacarle. El viajero ofreció al dueño del perro un chelín por pelearlos, a los cual el Sr. Thompson aceptó. El oso fue desprovisto de su bozal y, tan pronto el perro fue desencadenado, se abalanzó sobre el oso eludiendo su ataque y tirándolo al suelo y casi lo mata antes de que pudieran separarlo ante los gritos del dueño del oso.
Como estas hay muchísimas historias que, de ser ciertas, nos hablan, no sólo de la ferocidad de nuestro Mastiff, sino más bien de la tremenda fuerza que debieron de tener estos animales en el pasado.
Referente a las peleas de perros, podemos ver como, en principio, el uso de enormes Mastiffs pudo haber sido totalmente posible, de nuevo aquí terminamos cambiándolos por otros perros mucho más pequeños.
Cuando las peleas de perros con osos y con toros se declararon ilegales, empezó a fomentarse las peleas entre perros, de forma que, al no estar explícitamente prohibidas, se convertían en algo totalmente legal.
No obstante, y a pesar de que el Mastiff pudiese haber sido el rey, la cantidad de perros que, habiendo sido creados para las luchas contra toros y oso dejaron de usarse para sus antiguos «oficios» al ser estos ilegales, era bastante numerosa, por lo que los pasaron a combatir entre ellos, convirtiendo el «deporte» en algo más atractivo para la gente de aquellos tiempos, pues la ligereza, la movilidad de aquellos combatientes daba más duración y vistosidad al espectáculo.
Pero no sólo fue esto lo que desplazó al Mastiff de los fosos de las peleas. La Ley de nuevo prohibió los combates entre perros. Los castigos para los dueños se hicieron bastante grandes y los criadores de Mastiffs no podían permitirse el lujo de ser cogidos con las manos en la masa.
Así que un nuevo tipo de perro empezó a usarse. Se buscaba la agilidad y movilidad de un perro de talla pequeña, combinada con la fiereza, determinación y mordida de los perros de presa, debían de ser animales lo suficientemente pequeños para que sus dueños pudiesen llevarlos en brazos a los bares y moteles donde se practicaban las peleas (que eran prácticamente todos). Allí podían preparar una pelea y, en el caso de una alarma policial, los dueños podían muy bien coger a sus perros en brazos y echar a correr, y así nació el Staffordshire Bull Terrier.
Pero, como suele decirse, esa sería otra historia.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es el origen del Old English Mastiff según el artículo?
El artículo sugiere que el Old English Mastiff se formó a partir de perros autóctonos británicos y molosos asiáticos, con influencia normanda posterior.
¿Qué significa el término 'Mastiff' y su origen?
La palabra 'Mastiff' apareció con los normandos, derivada del latín 'mastivus' (masivo). Antes, entre los Sajones, se les conocía como 'Ban-Dog'.
¿Cómo se utilizaba el Mastiff en la historia?
Históricamente, el Mastiff se usó en la caza, defensa, bull-running, bull-baiting, peleas con osos y peleas entre perros.
¿Qué relación tiene el Mastiff con el Bulldog?
El artículo indica que el uso del Mastiff en deportes como el bull-running y bull-baiting llevó al desarrollo de perros más pequeños y ágiles, dando lugar al Bulldog.
¿Qué historia importante se relata sobre el Mastiff?
Se relata la historia de Sir Peers Leigh y su mastina en la Batalla de Agincourt (1415), de la cual se estableció una línea de sangre en Lyme Hall.
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