Mastiff, Bullmastiff, Fila Brasileiro, Dogo de Burdeos y Mastín Napolitano: juntos, pero no revueltos, Febrero 1997
Autor: J. M. Castillo Publicado en: Revista «Club Español de los Molosos de Arena» Fecha: Febrero de 1997 Traducción: No indicada en el artículo El artículo analiza las diferencias morfológicas, históricas y funcionales entre varias razas molosoides incluidas dentro del grupo denominado «Molosos de Arena». J. M. Castillo se centra especialmente en el Mastiff y lo compara con el Bullmastiff, el Fila Brasileiro, el Mastín Napolitano y el Dogo de Burdeos. El autor advierte contra la confusión entre razas, el uso indiscriminado de cruces, la búsqueda exagerada del tamaño y la tendencia a justificar razas modernas mediante referencias históricas poco precisas. Su tesis principal es que estas razas pueden estar emparentadas, pero deben conservar su identidad, su tipo y sus características propias.
Por @a.myanimal
Por J. M. Castillo
La Sra. Scherboon con, de izquierda a derecha, Bill, Fred y Julia of Havengore. Aquí vemos la influencia del Bullmastiff en la raza. En esa época la utilización de cruces abiertos se efectuaba con más libertad que en la actualidad.
Habida cuenta del confusionismo existente y los rasgos diferenciales que caracterizan las razas que componen el grupo que se ha dado en llamar Molosos de Arena, creo que es conveniente aclarar, cada uno en su parcela, cuáles son estos puntos y qué hace que un perro sea un Mastiff y no un Bullmastiff, o un Fila y no un Mastiff, y abundando en el tema, un Dogo de Burdeos y no un Bullmastiff, etc., etc., etc.
No es mi pretensión discurrir por derroteros que conciernen a las tipificaciones de razas que no son la mía. Lo que intentaré es, definiendo al Mastiff, diferenciarlo por exclusión de las otras cinco razas que componen el anteriormente y siempre ambiguo grupo citado de los Molosos.
Entremos en materia. ¿Qué es lo que hace que un Mastiff sea lo que es y no cualquiera de las cinco razas que componen el grupo que intentamos analizar? Ante todo, y como cualquier tratado canino, nos advierten: «la cabeza».
Analicemos, pues, la cabeza del Mastiff:
El estándar especifica ante todo «cuadratura» desde cualquier ángulo de observación, arco occipital recto y orejas con implantación alta.
Lo cual, de momento, nos está excluyendo al Fila.
La caída de oreja pequeña, triangular y pegada a las mejillas, no hace más que alejarlo aún más del Fila.
Ojo pequeño y de separación doble.
Stop moderadamente pronunciado y arruga frontal «en caso de atención», no hace más que diferenciarlo aún más del Fila Brasileiro, así como del Napo.
Es decir, que difícilmente se puede confundir a las dos razas anteriormente citadas y sólo en ejemplares de Filas donde han sido utilizados Mastiffs en su árbol genealógico se puede confundir las dos razas por influencia del Mastiff en el Fila. No tengo noticias de nadie que haya utilizado Filas en la crianza de Mastiffs en Europa o América.
Abundamos en el tema de la cabeza y comparemos con el Napolitano. Dándose en el Mastiff unas proporciones de caño nasal/cráneo, 1/1; ancho del cráneo a largo total de cabeza, 2/3; y ancho de hocico a ancho total del cráneo, 3/5, muy similares al Napo. Existen principalmente dos características diferenciales que hacen ambas razas inconfundibles:
a) La arruga abundante del Napolitano es atípica en el Mastiff y la configuración del ojo en el Mastiff requiere una limpieza, no debe verse la conjuntiva, que no es «sine qua non» en su primo italiano.
b) Con el Bullmastiff, raza que en los años de la era de las exposiciones ha servido para diferenciar físicamente de forma más marcada, ha debido este último de forma obvia, hasta el punto que aún en la actualidad se puede observar ejemplares de ambas razas que podrían pasar por la opuesta. Aún recuerdo vívidamente dos Bullmastiffs, ambos campeones de España, que podrían pasar perfectamente por Mastiffs.
La utilización común de Mastiffs y Bullmastiffs en cruces bastardos fue común en la historia de ambas razas, y es usual ver pedigríes de ejemplares hasta 1945 con ancestros comunes en ambas razas.
La diferenciación entre Mastiffs y Bullmastiffs fue en ciertos momentos más formal que de hecho. Leemos en algunas crónicas de exposiciones de principios de siglo perros que fueron presentados como Mastiffs en una exposición y Bullmastiffs en la siguiente.
La longitud del tronco sería otra característica que diferencia al Mastiff del Bullmastiff. El primero es un perro rectangular, es decir, de tronco alargado, mientras el Bullmastiff es un perro más cuadrado.
Sirva como ejemplo algunos ejemplares de las fotos en la que se aprecia la influencia de una raza sobre la otra.
Sin embargo, dado que la diferenciación primordial entre Mastiff y Bullmastiff, en siglos pasados, era más funcional que fenotípica, es claro cuanto menos que existen tres conceptos capitales que diferencian al Mastiff de su primo carnal en la actualidad:
a) El tamaño.
b) La longitud del tronco.
c) La relación hocico-cráneo en ambos.
Ch. Bill of Havengore, izquierda, y Mark of Havengore, derecha. De nuevo se observa la clara influencia entre Mastiff y Bullmastiff.
El tamaño es una de las características que DEBEN diferenciar capitalmente al Mastiff no sólo del Bullmastiff, sino también de las otras cuatro razas que estamos analizando.
En el Mastiff se requiere TAMAÑO, MASIVIDAD, PODER y MUSCULATURA, pero el tamaño tiene que venir dado por la profundidad del pecho: 2/3 pecho y 1/3 pierna.
Lo anteriormente expuesto con brevedad nos arroja como resultado un perro que como mínimo debe pesar 80 kg en los machos y algo menos en las hembras.
A la hora de valorar este concepto, un juez en un ring debe comprender que el tamaño en un Mastiff es de capital importancia, pues este concepto es el que lo hace destacar de las demás razas caninas. Solamente el San Bernardo, de raíces comunes con el Mastiff, comparte con él en el apartado de tamaño las palabras: «cuanto más grande mejor», sin poner un tope máximo.
Me gustaría permitirme aquí una disgresión sobre el tema del tamaño. Es obvio que cuanto más grande el perro, mayores son las posibilidades de problemas estructurales y de locomoción.
En este sentido, es de sentido común que es muchísimo más fácil obtener ejemplares de 70 cm a la cruz y 75 kg de peso que, pongamos por caso, unos 85 cm de altura y 95-100 kg de peso. El segundo ejemplar sería, a falta de defectos graves de construcción o locomotores, el ideal hacia el cual dirigir esfuerzos de cría. El primero es, obviamente, muchísimo más fácil de obtener.
La relación de caño nasal a total de cabeza, a pesar de que en el estándar se requieren proporciones iguales, la tendencia actual de crianza ha puesto de moda en el Bullmastiff animales con hocico ultracorto, lo cual permite diferenciarlo más claramente del Mastiff. No obstante, muchos especialistas critican abiertamente esta tendencia, pues produce ejemplares con expresiones típicas del Carlino y excesiva arruga en hocico.
He leído últimamente con referencia al tamaño y altura, el estándar de razas como el Fila y el Dogo de Burdeos y el Mastín Napolitano estaban siendo revisados para aumentar dicho concepto, así como en proporción el peso. Esto, bajo mi punto de vista, viene dado por la manía de buscar cada vez el «más grande»; mi reflexión en este sentido me lleva a una conclusión inexorable, y si no, al tiempo, de que cada vez las razas que nos ocupan están tendiendo hacia el concepto que hasta ahora era patrimonio del Mastiff: «el más grande». Lo cual, y teniendo en cuenta las similitudes fenotípicas de estas razas, al final tendremos una sola raza: «¿El Moloso?» O llámese como sea. A pesar de ser una exageración un poco en broma, en realidad sigue los dictámenes de los gustos de lo que el público pide. Sin embargo, un Dogo de Burdeos del tamaño de un Mastiff para mí dejaría de ser un Dogo de Burdeos y, por descontado, no sería un Mastiff. Por diferentes conceptos, sería aplicable a un Fila o a un Napo, etc.
Ch. Cedwalla Sweet Edwina. 10/2/86.
Ahora que lo pienso, menos mal que no se ha introducido al Tosa para aumentar la confusión, si tenemos en cuenta las fotografías que se publicaron en un boletín anterior de unos Tosas de USA. ¡Perdón!
Si a alguno le parece lo que estoy diciendo una chorrada o tal vez fantasía, le puedo asegurar que en varias ocasiones he tenido peticiones, consultas y requerimientos de criadores para utilizar Mastiff con el fin de aumentar tamaño y volumen de las demás razas: Dogo de Burdeos, Fila, además de Presas Canarios, Pit-bulls e incluso de un iluminado del Señor que había desempolvado no se sabe muy bien de dónde el Ban-dog.
Es decir, que no estoy hablando de teoría.
Finalmente, un concepto que ya he mencionado en otras ocasiones, en anteriores entregas: el carácter, sucintamente, calmoso, afectuoso con sus amos pero capaz de GUARDAR. El Mastiff es un perro de GUARDERÍA, no de defensa. Su genotipo le transmite una inclinación a defender territorio y propiedad, incluida la familia, MANADA.
El Mastiff que conocemos en los rings europeos, sabéis que en España, por desgracia o tal vez por suerte, son pocos los ejemplares que se ven, son abúlicos, pues están socializados hasta el aburrimiento. He visto una evolución mucho más dramática con los Filas en lo que se refiere a carácter, donde hace apenas una década cuando el juez consideraba normal juzgarlo con brazo atrás; hasta en la actualidad en que se atreve a inspeccionar su dentadura directamente.
Pasemos finalmente a dos reflexiones que nos aclaren un poco las ideas y para ello apoyémonos en el pasado, repasemos el presente y vislumbremos el futuro:
En 1889 Hugh Dalziel escribía sobre la tendencia moderna de establecer un nuevo tipo de Mastiff que concordaría con la demanda que requería el emergente mundo del perro de exposición de belleza.
Traduzco literalmente:
«La tendencia moderna en Mastiffs parece requerir ante todo tamaño y simetría, y personalmente defiendo que las tendencias modernas tienen perfecto derecho a exigir lo que quieran en estos conceptos. El gran mal ante el cual voy a prevenir es la variación del estándar. Este no puede cambiarse al capricho de jueces y clubes, cuya posición le da una influencia privilegiada en formar opinión y cambiar la “moda” o gusto popular».
Esta reflexión de un cinófilo experto en la raza, escrita ciento y pico años atrás, nos ilustra sobre el hecho de que el Mastiff moderno, el estándar de esta raza precursor de todos los demás, evolucionó hace 115 o 120 años. O sea, se fijó con menores cambios hace siglo y pico. Si lo comparamos con cualquiera de las demás razas de molosos veremos que la ventaja de fijación de caracteres es tremenda. El estándar del Bullmastiff data de 1924, el Dogo de Burdeos de 1970, y están aún pendientes de evaluación en varias razas, como el Mastín Napolitano 1949-71; el Fila 1984.
Retomando la reflexión de Dalziel y compartiendo su conclusión, resumimos que sí a la evolución de las razas, sin modificar el espíritu del estándar ni cambiar el tipo, y no al cambio caprichoso para complacer el marketing, demanda del público, con el peligro de confundirnos y finalmente no saber si estamos ante una raza u otra.
Para finalizar, un punto que he rozado en diferentes ocasiones y que conviene aclarar en palabras para no engañarnos a nosotros mismos.
Todos los que escribimos sobre nuestras respectivas razas invocamos incansablemente a la antigüedad milenaria de tal o cual «pugnaces», con utilización más o menos afortunada de términos latinos que en gran número de ocasiones no son usados con excesiva propiedad. De hecho, no podemos confirmar científicamente que sean nuestras razas. Yo me atrevería a decir que NO son nuestras razas, por una razón bien sencilla: la definición detallada de las razas debidamente contrastadas con los libros de origen, pedigríes, etc., son conceptos de hace apenas unos años. ¿Cómo podemos pretender, por muy apetecible que sea, justificar perros de hace 200 años, cuando no 1000, 1500 o 2000 años?
Además, hace todos esos años, la posible selección que se hacía o hiciese sería puramente funcional.
Además, hace solamente 200 años, un viaje, pongo por ejemplo, desde Edimburgo hasta Londres sería cuestión de siete días. Hace 500 años, este viaje duraría 14 días. La dificultad de mantener un mínimo de tipismo, fenotipo, sería tremenda. ¿Qué podríamos decir de la época romana?
Otra falacia común utilizada son los grabados de tiempos pasados. ¿Cómo se puede pretender que los grabados de la tauromaquia de Goya pertenezcan y sirvan de justificación a la filiación de caracteres al mismo tiempo de razas como el Mastín Napolitano y el Dogo de Burdeos? O son o no son la misma raza y, en cualquier caso, ¿por qué se utilizarían estas razas en los lances taurinos cuando en nuestro país existía el perro de presa español?
Podría continuar dando ejemplos hasta el aburrimiento, pero no lo creo necesario.
La conclusión única a la que se puede llegar es que nuestras razas son de muy reciente creación, tal vez con un tenue tinte de antigüedad con ciertos grupos de perros afines no más allá de hace 200 años. El resto es fantasía. Desde el presente, cuidemos lo que nos han legado y conservemos, sin perder la identidad de cada una de ellas, respetando las características que son patrimonio de los demás... aunque sean primos.
Ch. Forefoot Prince Igor of Brewardine. 1977.
Ch. Howesley Medicine Man. 28/1/78. Posiblemente el Mastiff más carismático y conocido en la historia de la raza.
Preguntas frecuentes
¿Cuáles son las principales diferencias entre Mastiff y Bullmastiff según el artículo?
El artículo señala que el Mastiff es más rectangular (tronco alargado) mientras que el Bullmastiff es más cuadrado. También menciona el tamaño, la longitud del tronco y la relación hocico-cráneo como diferenciadores clave.
¿Qué advierte el autor sobre la tendencia en la cría de estas razas?
El autor advierte contra la confusión entre razas, el uso indiscriminado de cruces, la búsqueda exagerada del tamaño y la tendencia a justificar razas modernas con referencias históricas imprecisas, temiendo que todas tiendan a ser una sola raza.
¿Cómo diferencia el artículo al Fila Brasileiro del Mastiff?
Se diferencia principalmente por la cabeza: el Mastiff tiene un arco occipital recto y orejas de implantación alta, mientras que el Fila tiene una caída de oreja diferente y un ojo más separado. El Fila también se aleja por la forma de la arruga frontal.
¿Qué importancia tiene el tamaño en el Mastiff según el autor?
El tamaño es de capital importancia para el Mastiff, diferenciándolo de otras razas. Se busca tamaño, masividad, poder y musculatura, con la profundidad del pecho siendo clave para lograrlo.
¿Qué dice el artículo sobre la justificación histórica de las razas molosas?
El autor critica la invocación de antigüedades milenarias y el uso de grabados antiguos para justificar la filiación de razas modernas, argumentando que la definición detallada de razas es un concepto reciente y la selección antigua era puramente funcional.
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